Efecto Pigmalión: la profecía autocumplida

En esta nota te resumimos todo lo que tenes que saber acerca del Efecto Pigmalión.  Descubrirás cómo  mediante nuestra psiquis podemos autosabotear nuestro rendimiento educativo y laboral, afectar nuestras relaciones amorosas o limitar nuestro crecimiento personal. Pero así también, este mismo efecto puede ser proyectado en los pensamientos de manera positiva para ampliar nuestros horizontes  y potenciar distintos ámbitos de nuestras vidas.  

Aprendé todo sobre este fenómeno psicológico para utilizarlo a tu favor. Leé la publicación y entérate cómo.

 

¿Qué es el efecto Pigmalión?

El efecto Pigmalión o la profecía de autorrealización son las creencias sobre nosotros mismos o sobre nuestro futuro o trayectoria, que determinan nuestro comportamiento, y en consecuencia, conllevan al cumplimiento del resultado esperado.  Las creencias pueden ser externas o internas y su carácter positivo o negativo.

Las creencias externas son expectativas o concepciones que la sociedad u otras personas nos adjudican. En cambio, las internas son las expectativas o concepciones que tenemos sobre nosotros mismos. 

El concepto de efecto Pigmalión nos ayuda a entender cómo las ideas moldean nuestra realidad. 

Su nombre deriva de la historia del escultor griego  Pigmalión que esculpió una figura a la que llamó Galatea y que  poseía tal belleza y perfección, que su autor se enamoró perdidamente de ella.  

Era tal su amor que empezó a tratarla como si fuese real y fantaseaba  con que su piel de mármol se transforme en cálida y  suave como la de cualquier mortal. 

Durante las celebraciones en honor a Afrodita, Pigmalión pidió a la Diosa del amor, que entregue el regalo de la vida a su obra. La Diosa le concedió el favor, y  transformó a Galatea en una mujer de piel y huesos. 

Sin dudas, como en el caso del escultor Griego, lo que pensamos  se manifiesta en nuestros comportamientos y crea una realidad. 

No se puede negar que indefectiblemente, lo que pensamos cumple un papel importante en nuestro estado de ánimo, las decisiones que tomamos, los actos que realizamos y las actitudes que adoptamos. 

Por ejemplo, si nuestros pensamientos nos dicen que fracasaremos, inconscientemente, no  nos esforzaremos lo suficiente por triunfar. Esto es consecuencia de decretar el resultado, antes de intentarlo. 

 ¿Cómo se da el efecto Pigmalión?

 Lo que nosotros pensamos repercute en lo que hacemos. Si nos auto valoramos o nos anticipamos en negativo, este efecto se convierte en limitante y nos impide llegar a nuestro máximo potencial. 

La esencia de una creencia es convencernos sobre la posibilidad o imposibilidad de lograr cierto resultado, aunque no tengamos evidencias objetivas suficientes. Esta predisposición orienta nuestro comportamiento y terminamos arribando a la consecuencia esperada.

Para que el efecto  Pigmalión se dé, se  requiere tres condiciones: 

1. Estar firmemente convencidos del hecho. 

2.  Crear la expectativa de su cumplimiento. 

3. Alentar su consecución en nuestro diálogo interno. 

 

Efecto Pigmalión ejemplos

Un ejemplo de este efecto es cuando un individuo es rotulado o se auto rótula con una característica negativa (egoísta, poco inteligente, “malo” en cierta actividad, etc). 

Esa caracterización, una vez interiorizada, determina la postura que asumirá en distintas circunstancias. 

Por ejemplo, si cree que es malo en los deportes, lo más probable es que nunca practique uno. O en caso de practicarlo, que no tenga la constancia y disciplina para alcanzar logros deportivos.

Pero el efecto Pigmalión puede darse en todos los ámbitos de nuestra vida:  social, educativa, amorosa, laboral. A continuación te comentaremos cómo actúa en cada una de estas áreas. 

 Efecto Pigmalión en la Psicología Social

Los prejuicios sociales suelen tener una fuerte incidencia en los grupos  focos de la adjetivación. Lo negativo de estas etiquetas es que pueden determinar a los individuos que formen partes de los mismos. 

Afortunadamente, cuando esos grupos van enajenando su autopercepción de estas construcciones naturalizadas,  también comienzan a refutarlos con sus resultados. 

Un ejemplo claro es el de las mujeres. Desde el momento en que el movimiento feminista empezó a cuestionar la idea de inferioridad intelectual de la mujer, muchas jóvenes que antes sólo aspiraban a estudiar carreras vinculadas a tareas de cuidado, se animaron a formarse en carreras calificadas como  “masculinas”. 

El resultado de esto en la actualidad, es que no sólo hay más mujeres universitarias que hombres (un 53% según datos de la UNESCO), sino que también se comprueba el avance de este género en espacios de poder y jerárquicos, antes impensados.  

Y no sólo las mujeres se dan más oportunidades, sino también la sociedad empieza a concientizarse. Aunque todavía existen excepciones, un amplio porcentaje de las personas reconocen y subrayan las capacidades intelectuales y de gestión de las mujeres . 

En este caso se puede visualizar el  efecto de cambiar una creencia negativa “las mujeres son inferiores intelectualmente” a una creencia positiva “las mujeres son iguales a los hombres”. 

 Efecto Pigmalión en la educación

En la educación este efecto cobra vital importancia porque su ausencia puede causar dificultades para los alumnos que no pueden visualizar positivamente el proceso de aprendizaje. Por el contrario, cuando este efecto es  aplicado a la educación puede alcanzar los siguientes resultados: 

a) La aceptación del alumno 

b) El alumno consigue tener fe en sí mismo y actúa con voluntad 

c) Aumenta la confianza del alumno en su profesor

 d) El  alumno se transforma en un ser  capaz de realizar acuerdos con sus profesores, compañeros y todos aquellos que le rodean 

e) El alumno que ha pasado por el efecto Pigmalión lo retroalimenta y  ayuda a la aplicación de este en personas que lo necesiten.

Un ejemplo de este efecto en el campo de la educación puede observarse en el experimento en 1968, del profesor de Harvard Robert Rosenthal y la  directora de escuela Leonore Jacobson. 

En la publicación científica “Pygmalion in the classroom: Teacher expectation and pupils’ intellectual development” se compartieron los resultados de un experimento llevado a cabo en las aulas, en el que indagaban sobre el cómo las expectativas de los profesores impacta en el rendimiento de sus alumnos.

Rosenthal y Jacobson  realizaron en los niños un test de inteligencia no verbal al inicio del curso escolar. Y luego, comentaron a los profesores que la prueba predecía la capacidad intelectual de los individuos.

Después, escogieron al azar una muestra del 20% de los alumnos de cada clase. A los que designaron como grupo experimental. Y a posteriori informaron a sus profesores que ese grupo tenía cualidades diferenciales y un potencial de progreso importante.

El resto de los alumnos constituyó el grupo control, y no se precisó información a los educadores sobre ellos. Luego de unos meses se volvió a realizar la prueba de inteligencia a los estudiantes y los resultados fueron llamativos. 

El grupo experimental que había sido calificado con potencial, mejoró significativamente las puntuaciones del resto de alumnos. 

Efecto Pigmalión en el trabajo

En los ámbitos laborales es cotidiano advertir contextos tóxicos en los que se categoriza a quienes no alcanzan ciertos objetivos como “incompetentes”, centrándose en sus errores. 

Esta situacion, lejos de mejorar los resultados, produce que indefectiblemente esas personas catalogadas esten propensas a asumirlo  como verdad  y empiecen a actuar cómo una persona incompetente, sin voluntad de reivindicar su valor como trabajador o trabajadora. 

En cambio tomando el mismo ejemplo, se lo puede abordar desde un  efecto Pigmalión  positivo. 

Es así, que  cuando en un ámbito de trabajo sano se reconoce el valor de las personas, puntualizando en lo que hacen bien y compensando en consecuencia, los trabajadores terminan asumiendo un rol activo en su transformación y  posiblemente trabajen en pos de progresar, formarse y colaborar. 

Existe una historia muy difundida que ejemplifica  cómo operan nuestras creencias en el ámbito laboral.  Aquí te la contamos: 

Un joven afrodescendiente, trabajaba en la empresa IBM en los Estados Unidos como obrero general. Sobre él pesaban los estereotipos racistas. 

En cierta ocasión, su jefe pensó en transformarlo de barrendero a jefe del área técnica de sistemas de la misma empresa. 

Para ello le dijo: –Tienes energía e inteligencia, puedes ser el jefe de esta área si lo deseas, estoy seguro que puedes lograrlo. 

El joven respondió: –Imposible soy negro. 

El jefe sorprendido contestó –¿Y eso, qué tiene que ver? 

–Desde niño he escuchado que los negros son para trabajar y no para pensar –respondió el joven. 

–¿Cuál es tu limitante para triunfar, el color de tu piel o tu incapacidad de pensar y soñar? –preguntó el jefe. 

–A partir de hoy no tengo limitantes gracias a usted. –dijo finalmente el joven, quien estudió con vehemencia y en años posteriores ocupó grandes puestos dentro de la organización.

Efecto Pigmalión en el amor

Muchas veces escuchamos frases como “temía tanto perderlo, que lo perdí”. Esto también encuentra su explicación en  las bases de  creencias que moldean realidades.


Entre algunos ejemplos generalizados podemos encontrar a aquellas personas celosas patológicas, que socavan tanto la relación con la desconfianza, que sus parejas terminan dejándolos para proteger su integridad psicológica. 

O también,  aquellas que por miedo al abandono dejan a la persona que dicen amar, cuando advierten cualquier indicio  subjetivo de posibilidad de ser dejados o cambiados. Muchas veces, ese indicio no es una amenaza real.

¿Qué nos enseña el efecto Pigmalión?

El efecto Pigmalión nos enseña que nuestra psiquis no sólo determina cómo experimentamos el mundo,  sino que también tiene el potencial de condicionar nuestros comportamientos, y de ese modo, crear nuestra realidad. No hay frase más acertada para resumir este proceso, que  la que reza : “Si lo crees, lo creas”.

Además, nos recuerda la necesidad de sembrar creencias positivas en uno mismo y en los demás. Porque son las ideas preconcebidas las que impulsan o estancan nuestras acciones.  

Sin embargo, también es necesario no olvidarnos que existen obstáculos objetivos y que siempre debemos evaluar desde una perspectiva realista nuestras aspiraciones. 

Pero deconstruyendo los pensamientos limitantes que tenemos  de nosotros mismos, o de los otros, podremos expandir nuestras posibilidades y ser una influencia positiva para los demás. 

¿Qué aspectos positivos y qué aspectos negativos podemos rescatar del efecto Pigmalión?

Este efecto de profecía autocumplida es determinado por el carácter de las creencias que alimentan nuestros pensamientos.

Como mencionamos anteriormente, desde nuestra mente podemos expandirnos o limitarnos. Cuando nos anticipamos tanto en negativo como positivo, nuestros comportamientos se moldean a esas ideas. 

En su aspecto positivo, este efecto nos potencia. En su aspecto negativo, destruye nuestra autoestima o limita nuestros resultados.

 Tips para utilizar el efecto Pigmalión a nuestro favor

A continuación, te dejamos algunas claves para utilizar el efecto pigmalión a tu favor: 

  1. Cuestionarnos los adjetivos con los que nuestro entorno nos califica. Es necesario atender la intención oculta de las personas que nos imponen ideas limitantes ¿qué buscan generar en nosotros?
  2. Es importante no auto etiquetarnos. Al suplir  el “soy”, por el transitivo “estoy” nos damos la oportunidad de cambio. Cuidar cómo nos hablamos es fundamental para mantener una percepción positiva de nuestros resultados. Si uno se dice “soy distraído”, se conformará con ser de ese modo. Pero si afirma “estoy distraido”, posiblemente su posición será advertir esos momentos y trabajar para disminuirlos. 
  3. Ejercitar nuestra capacidad para  crear expectativas positivas, y creer firmemente en ellas para transmitirlas con la misma intensidad para posteriormente establecer una  simbiosis, que convierta al efecto en un poderoso estímulo.
  4. Rodearnos de personas que actúen positivamente en nuestras vidas y nos animen a ser mejores. 
  5. No creer que ser “realistas” es negatividad  y evaluar toda las situaciones con una óptica objetiva. 

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